Seguimos hablando de leyendas pero en esta ocasión damos el salto a Ibiza y ponemos el foco en aquellas historias que tienen a Dalt Vila como protagonista.

La primera esta nueva serie, recoge la historia por el que se dio nombre al carrer de sa carrossa.

Esta calle es la que une el Portal de ses Taules con el Baluarte de Santa Lucía.

A su paso nos encontramos con la Plaça dels Desemparats, donde se ubica la estatua en honor a Isidoro Macabich, uno de los intelectuales más destacados de Ibiza del siglo XX.

Es Isidoro Macabich de hecho, quien narra la siguiente historia, recogida en el libro Eivissa Mágica de Carlos Garrido.

“Dos artilleros mallorquines que, cierta noche de invierno, entretenidos con los naipes en la casilla del baluarte de Santa Lucía, oyeron tras la puerta el quejumbroso balar de un cabritillo. Abrieron, ante la insistencia del pobre animal. Y diéronle cobijo en un rincón, donde poco a poco, tumbado sobre sus piernas dobladas, vino a quedarse dormido. Pero de pronto, en un alto de la partida “¡mumareta meua!”, ¡lo que vieron sus ojos! El fementido cabritillo era un mayúsculo cabrón, descomunal, que, tieso sobre sus cuatro patas, mirándoles fijamente, crecía y crecía… Abrieron la puerta, desolados, invocando a la Virgen. Y una vieja que salió al balcón para tirar unas escurridas viole pasar a grandes saltos, Carroza abajo, alto como un mulo, levantando chispas con sus tonantes pezuñas, con bufido de huracán y un halo de luz verdosa”.